Un día de furia te puede salir caro.


Después de ver el telediario a mediodía y ver como está el mundo, no es de extrañar la sensación de desesperanza colectiva que pulula desde el bar de la esquina, a las reuniones de negocios.

La calidad directiva y la toma de decisiones que se han de tomar bajo la presión que supone dirigir una empresa hoy en día, van estrechamente vinculadas a la inteligencia emocional de las personas que dirigen y deciden.

Nos asedian las noticias de expedientes de regulaciones de empleo, reducciones sociales ya sean estas médicas o educativas, rescates a entidades bancarias, etc.

Y viendo el panorama, es normal encontrarse con personas que se vienen abajo, que te dicen que ya nos saben que más pueden hacer, personas que sienten la tentación de tirar la toalla.

Esta sensación de impotencia que se traduce en la pérdida de control sobre lo que ocurre en su vida, en su empresa, y que se manifiesta desde el malestar general, al insomnio, a la depresión, y a una mayor agresividad y tensión ante los más mínimos conflictos en la interacción social.

Somos seres sociales, que necesitamos a  los otros, sin embargo cuando nuestro status quo se ve amenazado, a veces “perdemos los papeles”.

Y no digo yo que no tengamos derecho a un día de furia.
El problema viene cuando se perpetúa, y el día se transforma en semanas o meses.



Ante esta situación ¿qué podemos hacer?  Sin lugar a dudas buscar ayuda externa.

Aprender a gestionar los cambios, y las adversidades de la vida no digo que sea tarea fácil, pero es posible.

No descuides tu higiene emocional, la necesitarás para tomar decisiones desde la lógica y el análisis y no  desde el secuestro emocional de un día de furia.

Saludos cordiales

José Miguel Gil
Coach Profesional
Psicología en la Empresa 
Gerente de  COANCO 
Presidente de  ASESCO Asociación Española de Coaching